Zarpado sueño de un gran
ángel negro, que nació mucho antes de que tomáramos conciencia. Nació entre la
gente, correteando esos atardeceres, rompiendo esas ventanas, matando esas
palomas. Era el ángel de la casa, su torpeza se había cargado de muchísimos platos,
jarrones, vasos y televisores. Tenía un gorro siempre, era sucio y no pensaba
bañarse “total mañana juego otro doparti”.
Que linda ignorancia
tenía en sus cantares, en sus sueños más preciosos ese ángel se veía de
caravana, iluminado como ninguno, saltando feliz, sonriendo multitudes, si, ese
gran ángel negro cerraba los ojos y los fuegos artificiales copaban el cielo,
los cantos se multiplicaban ventana a ventana y la gente no lloraba más que de
risa.
Es que lo soñaba sin
ningún rencor, él venía del hoyo.
