martes, 24 de septiembre de 2013

Zarpado sueño de un gran ángel negro, que nació mucho antes de que tomáramos conciencia. Nació entre la gente, correteando esos atardeceres, rompiendo esas ventanas, matando esas palomas. Era el ángel de la casa, su torpeza se había cargado de muchísimos platos, jarrones, vasos y televisores. Tenía un gorro siempre, era sucio y no pensaba bañarse “total mañana juego otro doparti”.
Que linda ignorancia tenía en sus cantares, en sus sueños más preciosos ese ángel se veía de caravana, iluminado como ninguno, saltando feliz, sonriendo multitudes, si, ese gran ángel negro cerraba los ojos y los fuegos artificiales copaban el cielo, los cantos se multiplicaban ventana a ventana y la gente no lloraba más que de risa.

Es que lo soñaba sin ningún rencor, él venía del hoyo.


viernes, 13 de septiembre de 2013

Tanto idiota Suelto.

Yo todavía no entiendo como hay tanto idiota por ahí, caminando suelto, ¡sin ninguna preocupación! En verdad, sin ninguna preocupación. Miren, yo siempre fui un tipo ocupado, trate de hacer mi vida como lo marcaron los valores de mi padre, soy un poco católico y un poco ateo, pero en verdad desde mi humilde punto de vista me doy cuenta que hay cada imbécil en el mundo. Yo los veo, boquiabiertos, ahí mirando mierda, ¡o no sé qué carajo! Y digo, “Pfa, que hay tanto idiota” entonces voy les pego un bife y les digo que se dejen de ser tan idiotas. Algunos me dan bola  y otros me re cagan a puñetes. Pero es que yo me ensaño con esos idiotas que andan por ahí porque me enferma verlos tan despreocupados. Yo el último año secuestre a 3. Si, más vale, yo sí que me preocupo, secuestre a 3 tipos, bien hijos de puta y entrenados son, todavía no largaron nada, pero estos uniformados a mí no me cagan, yo se que están planeando algo. ¿Cómo me di cuenta? Pero si los pelotudos andan todos de traje, ¡de traje! ¡Todos!. Yo se que conspiran algo, yo se que tras esos lentes oscuros y esos pelos engominados hay una verdad tan secreta y segura que nos va a terminar de hacer mierda. Esos tipos de saco y corbata, ay pero qué mal me caen. Y si, sigo sin entender como hay tanto idiota por ahí.

domingo, 8 de septiembre de 2013

El escribidor

Es que he llegado a una cima importante, he llegado a ese momento en el que se escribe sin importar nada, sin importar hambre, sin importar amor, sin importar inspiración, sin importar definitivamente nada. Anoche podría haber escrito lo mismo, haber dejado las mismas persianas abiertas, personas olvidadas. El tiempo de hoy me muestra cómo escribir sin tener grandes palabras, grandes brillos, ni grandes amores. Es austero, es bostero, es un tiempo cagón, que me deja usar cualquier palabra sin lastimar sutilezas. Y yo me aprovecho, yo lo topeteo, le meto cuerpo y lo saco de su eje, me apodero de él y escribo. 

miércoles, 17 de julio de 2013

El verano

Se acordaría el viejo, se acordaría de que siempre fue joven, se acordaría con una tremenda lagrima en sus ojos pequeños. Él sabía porque se acordaba, él se acordaba porque siempre lo relataba. También tenía muy en cuenta que no se lo olvidaría una vez en el cajón. Era viejo, si claro, con muchísimos recuerdos, muchas imágenes, muchos familiares, demasiados amigos, era viejo lleno de historias aburridísimas, pero claro, él era feliz contándolas. Sonreía cuando contaba solo una historia, sus ojitos brillaban solamente cuando nombraba esos años imborrables en su cabeza, el viejo les mostraba a todos una sola foto, esa única foto era suficiente para saber que el viejo siempre se acordaría, siempre, siempre, aunque este en el cielo, en el infierno, o en forma de roca al fondo de algún océano el viejo se acordaría de esta historia y recordaría tan bien todo los detalles que a algunos con su historia lograría entretener.
Aunque no me creas, el viejo se acordaría de aquella historia que él relataba, y yo siempre me acordaré del inicio repetido sin hartazgo:

La bese en verano…”

sábado, 29 de junio de 2013

Las llaves

Como una niñita de las más pequeñas se incorporó de ese hermoso lugar en el que se encontraba. Bailoteó, cantó unos sonetos muy preciosos, se rascó la cabeza sin entender dónde había dejado su tesoro.
Escuchaba las suplicas familiares, por eso estaba feliz, por eso se había incorporado, por eso bailaba de una forma torpe e insana, se balanceaba de tal forma que aquellas suplicas a veces se quedaban en silencio, suspendidas por el miedo.
Iba y venía, cantaba lindas canciones de amor, pero siempre buscaba el tesoro, tal vez el más perdido. Sin saber cómo, sin entender cuándo, un susurro le acarició sus bellas y grandes orejas: “Allá están”

Y su baile cesó, su canto se silenció, y miró al lugar indicado, y feliz comprobó que realmente “allí estaban”, entonces recién en ese momento pudo retomar su baile, recomenzar su canto y por fin acallar esas suplicas.






viernes, 28 de junio de 2013

Grandes camiones

Acosados por una multitud de gente mugrienta y protegidos por el calor que despedían grandes camiones-contenedores de chatarra se atrevieron a encender el lento proceso que los llevaría a la locura. No hay que negar el miedo que tenían, sabían que no debían pero claramente querían.

El humo se vio repentinamente cortado por una cara amarilla, los amigos dirigieron sus miradas ante el espectador.  Músculos marcados, facciones duras, ceño fruncido, ningún diente, era invitar o morir. Claro que no murieron y comenzando con ese personaje empezaron a convidar de su locura a toda la masa mugrienta. Se perdieron, se reencontraron, conversaron, festejaron y brindaron, dejaron de estar acosados.

Tras esta libertad experimentada uno de ellos miro unos ojos como lunas, tremenda iluminación en la noche desplegaron esos ojos que lo miraron fijamente y lo condujeron a un lugar sin multitud acosadora, ni locura, ni mugre, esos ojos y esa misma cara acariciada por el pelo condujeron al más miedoso de los amigos a un lugar segurísimo, un lugar sin demasiados lujos pero a un lugar comodísimo.


Ahí se quedo, adueñado por la locura y enamorado de la tristeza.