miércoles, 17 de julio de 2013

El verano

Se acordaría el viejo, se acordaría de que siempre fue joven, se acordaría con una tremenda lagrima en sus ojos pequeños. Él sabía porque se acordaba, él se acordaba porque siempre lo relataba. También tenía muy en cuenta que no se lo olvidaría una vez en el cajón. Era viejo, si claro, con muchísimos recuerdos, muchas imágenes, muchos familiares, demasiados amigos, era viejo lleno de historias aburridísimas, pero claro, él era feliz contándolas. Sonreía cuando contaba solo una historia, sus ojitos brillaban solamente cuando nombraba esos años imborrables en su cabeza, el viejo les mostraba a todos una sola foto, esa única foto era suficiente para saber que el viejo siempre se acordaría, siempre, siempre, aunque este en el cielo, en el infierno, o en forma de roca al fondo de algún océano el viejo se acordaría de esta historia y recordaría tan bien todo los detalles que a algunos con su historia lograría entretener.
Aunque no me creas, el viejo se acordaría de aquella historia que él relataba, y yo siempre me acordaré del inicio repetido sin hartazgo:

La bese en verano…”

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