sábado, 29 de junio de 2013

Las llaves

Como una niñita de las más pequeñas se incorporó de ese hermoso lugar en el que se encontraba. Bailoteó, cantó unos sonetos muy preciosos, se rascó la cabeza sin entender dónde había dejado su tesoro.
Escuchaba las suplicas familiares, por eso estaba feliz, por eso se había incorporado, por eso bailaba de una forma torpe e insana, se balanceaba de tal forma que aquellas suplicas a veces se quedaban en silencio, suspendidas por el miedo.
Iba y venía, cantaba lindas canciones de amor, pero siempre buscaba el tesoro, tal vez el más perdido. Sin saber cómo, sin entender cuándo, un susurro le acarició sus bellas y grandes orejas: “Allá están”

Y su baile cesó, su canto se silenció, y miró al lugar indicado, y feliz comprobó que realmente “allí estaban”, entonces recién en ese momento pudo retomar su baile, recomenzar su canto y por fin acallar esas suplicas.






2 comentarios:

  1. "entonces recién en ese momento pudo retomar su baile, recomenzar su canto y por fin acallar esas suplicas."
    me encantó...

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